A los 96 años, la marihuana me cambió la vida, se me fueron los dolores y ahora siento bienestar

La muerte de su hermana golpeó duro a Encarnación Urbicain. Tanto que casi la saca del juego. Fue un impacto emocional que, a los 95 años, resultó difícil de sobrellevar. Las consecuencias llegaron enseguida. Y todas juntas. La tristeza se corporizó en diagnóstico: le detectaron una artrosis tan fuerte que la descompensó y la obligó tomar medicamentos. La conmoción no cedió. Escaló y, meses después, mientras descansaba en las Termas de Río Hondo, una caída terminó en fractura de fémur.

Todo era tan oscuro para esta mujer de Bariloche que nunca imaginó lo que poco tiempo más tarde iba a pasar: gracias a la planta de cannabis volvería a caminar, mejoraría su humor y recuperaría las ganas de vivir.

“Choché”, así le dicen todos a Encarnación, no se quiso operar de la fractura. Consideró que a su edad era una opción demasiado riesgosa. El precio de evitar el quirófano fue alto: dejó de caminar. Y se sometió a un cocktail de drogas que la sumergieron en un estado de ensoñación todo el día y además le generaron problemas digestivos.

Urbicain creyó que así sería lo que le quedaba de vida. Tenía 96 años. Extrañaba a su hermana. Sus amigas habían muerto. Sólo contaba con el apoyo de su hija. Tomaba miorelajantes, antidepresivos, laxantes, protectores gástricos. Su dieta era a base de pastillas.

Todo cambió una noche que prendió la tele. En la pantalla hablaba Valeria Salech, presidenta de Mamá Cultiva Argentina, la organización de madres con chicos que usan el aceite de marihuana para vivir mejor. La activista explicaba los beneficios de la planta de cannabis para dolencias como la de Encarnación. “Quiero probar el aceite de la marihuana”, le avisó Urbicain a su hija, Alejandra Moreno.

Fue el principio del fin de la vida postrada. La familia contactó a cultivadores de Buenos Aires y al principio, hasta que conoció a los integrantes de una organización cannábica de Bariloche, valerse de un frasco fue carísimo, ya que el cultivo, la producción y la distribución son ilegales. Llegaron a pagar hasta $ 3.000 por un gotero.

“Choché” junto a su hija Alejandra, en su casa de Bariloche, con el frasco de aceite de cannabis

Encarnación empezó a tomar unas seis gotas por día y los resultados aparecieron enseguida. “A mí me cambió la vida, conforme estaba yo con esos dolores y ese malestar. Me tenían que mantener en pie para ir al baño y ahora me valgo sola, estoy muy feliz”, le cuenta a Infobae esta mujer que en el verano cumplió 97 años.

Su hija Alejandra relata escenas del infierno que vivía “Choché” hasta su contacto con la planta de cannabis: “Estaba en silla de ruedas y dormía con almohadones. Si ella hubiera seguido con la medicación que estaba, hubiera muerto o se hubiera desconectado, se hubiera muerto en vida. Con el aceite mejoró su físico y su estado de ánimo, su humor, volvió a socializar“.

Para muchas personas que padecen enfermedades de dolor o VIH, cáncer, esclerosis, entre otras, los medicamentos tradicionales que les recetan los médicos se convierten en un arma de doble filo. Mientras los ayudan a sobrellevar sus padecimientos, les empiezan a afectar el hígado o el estómago.

La toxicidad de los principios activos del cannabis, en cambio, es baja. THC y CBD son las siglas de los componentes más importantes. Calman el dolor, relajan, cambian el humor o incrementan el apetito, quitan las ganas de vomitar, entre otras acciones beneficiosas. Para determinadas dolencias se usa el THC, que entre sus efectos está el psicoactivo. Y para otras, se aprovecha el CBD. Algunas veces se buscan genéticas que tengan proporciones de ambas moléculas. De acuerdo con el efecto que se busque.

“Me aguanté el dolor con los medicamentos tradicionales. Me descompusieron. Devolvía todo. Ante esto, le hablé al médico de acá, que está relacionado con el cannabis. Vino a verme y me recetó las gotitas. Y dejé todo a un lado y empecé a revivir”, relata Encarnación y asegura, entre risas: “Si hubiera seguido con los medicamentos ya me habrían llamado de ‘arriba’, ahora ni me resfrío”.

¿Cuánto tiempo pasó entre que empezó a tomar las gotas y notó cambios en su salud?

– Bastante rápido empecé a notar. No podía asentar el pie como ahora, no le sentía el gusto a las comidas. No me molestaba para dormir, para andar. Mis dolores empezaron a desaparecer. Hago una vida normal, solamente tengo la renguera del hueso. Pero antes no podía ni apoyar el pie y ahora lo asiento, me quedo parada. Camino con un andador. Pero duermo bien, como bien y no tengo dolores.

-¿Además de calmarle los dolores, nota otros cambios que le produjo consumir cannabis? 

– El humor me cambió. Me gusta estar con gente joven, que me haga reír. Porque de mis amigas ya estoy quedando la única. No tengo amigas viejas. Ya taché a varias de los cuadernos. Vivo en una casa muy abierta, llena de verde y con muchas flores y eso me hace muy bien.

Invernáculo de cannabis de la empresa International Cannabis Corp., en Uruguay

“Choché” asegura que ella no tenía prejuicios con la planta de marihuana antes de probarla para mejorar su salud. Y que además, ante la necesidad de calmar su padecimiento, ni siquiera se preguntó si debía consumir una sustancia considerada ilegal en Argentina.

“Yo no opinaba tan mal pero la familia se creyó que iba ser una vieja drogada. No les hice caso a ninguno. ¿Hice bien? No me importaba la opinión de afuera”, sonríe Urbicain y agrega: “Yo soy muy práctica. Lo probé y me salió todo bien. A esta altura de mi vida tampoco hice muchos cálculos. Peor que con los medicamentos no me iba a ir, y también son drogas“.

Para ella, el efecto que los componentes químicos del cannabis generan su organismo son bienvenidos con sorpresa y alegría. “Yo sentí que era algo milagroso. No me escapo con palabras perdidas. No me tiene drogada. No he sentido un mínimo mareo que me haya producido. Me ha producido bienestar“, detalla esta mujer que llegó a Bariloche desde Trenque Lauquen hace 70 años.

Ahora que puede caminar y ya no siente esos dolores infernales, “Choché” anhela poder volver a las Termas de Río Hondo. “Me siento animada y tengo la ilusión y le estoy pidiendo al ‘de arriba’ que me deje ir”, ríe a carcajadas.

Los beneficios del uso de cannabis abrieron un nuevo universo para Encarnación y para su hija Alejandra, quienes se adentraron en detalles del cultivo y la producción del aceite, y también en cuestiones relacionadas con la prohibición de esta planta milenaria.

Ahora, la hija de “Choché” participa dentro de la red de cultivadores, asesorada por las ONG de Bariloche, y ambas mujeres se convirtieron en militantes por la legalización del uso y el autocultivo. Tanto que este sábado apoyarán la marcha por la marihuana que se hace en la mayoría de las ciudades del país, incluida Buenos Aires (desde Plaza de Mayo al Congreso) para reclamar la despenalización del consumo, la tenencia y el cultivo personal.

Ellas saben que están limitadas a consumir de manera clandestina porque la ley que se votó en 2017 no permite el autocultivo y de momento no provee a enfermos. Para Encarnación, la posibilidad de que los cultivadores solidarios sean perseguidos y vayan presos es una injusticia.

A mí me parece mal que vayan presos. Es gente de buena voluntad que quieren hacer un bien. Hay muchas madres que lo hacen por sus hijitos”, explica “Choché”, y pide un deseo: “Lo que más me gustaría es que este reportaje sirviera para la humanidad”.

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