Emilio Disi, a los 25 años, en su debut cinematográfico con “Humo de marihuana”

En mayo de 1968 el mundo gritaba libertad. París, Praga, Ciudad de México, por todos lados había protestas. Estudiantes, trabajadores e intelectuales protagonizaban una revuelta global descentralizada, anticapitalista y antiimperialista, mientras Estados Unidos regaba Vietnam con napalm. Salieron inmensos discos: Beggars banquet, de los Rolling Stones; El Álbum Blanco beatle; Electric Ladyland, de Jimi Hendrix; y los Steppenwolf (autores de la célebre “Born to be wild”) editaban una canción que iba al punto: una queja por la ilegalidad del porro directa contra los Estados Unidos del Tío Sam: “Don’t step on the grass, Sam” (“No pises la hierba, Sam”).

En Argentina el rock todavía era placer y redención del ghetto de los “náufragos”. Faltaban décadas para que se convirtiera en el producto masivo actual. Ese año el periodista Pipo Lernoud y Miguel Abuelo armaron la primera versión de Los Abuelos de la Nada, Manal entraba en los radares del sello Mandioca y Miguel Cantilo y Jorge Durietz armaban el dúo Pedro y Pablo. Pero la masa juvenil estaba lejos de aquellas melodías, ensimismada especialmente con la candidez que transmitían desde la pantalla de TV El Club del Clan y las canciones de Palito Ortega.

Por esos años, en Argentina el cannabis estaba menos relacionado con lo que es -una planta- que con una sustancia maldita. Era un fantasma todavía distante que había que mantener lejos de la “maravillosa juventud”. Era placer casi exclusivo del ghetto “náufrago”. Su perfume se olía en Plaza Francia y en algunos ámbitos de los barrios medios del conurbano bonaerense. Su aparición en la sección Policiales de los diarios era todavía exótica.

En ese contexto, pero rodeada de una tierna candidez, en mayo de 1968 se estrenó en los cines de Argentina Humo de marihuana, una película nacional con pretensiones de realismo que resultó no más que un compendio de escenas bizarras, tontamente dramáticas.

Quizás el hito más significativo de este film dirigido por Lucas Demare, el director más prestigioso de la época, es que se propició el debut actoral en cine de Emilio Disi, nuestro bañero más loco del mundo preferido.

Disi, junto a su amigo Sergio Renán, en 1968

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Junto a su amigo Sergio Renán y las bellas Thelma Biral y Marcela López Rey, Disi consiguió un rol secundario como malandra y ladero de un “narcotraficante” que se aprovecha de los jóvenes “bien” de Buenos Aires vendiéndoles marihuana.

Demare aborda en su película el tema del cannabis con absoluta desinformación. Los personajes fuman y alucinan, o se ponen violentos. Los hombres abusan de las mujeres. Humo de Marihuana cuenta la historia de un médico millonario y prestigioso -“el doctor Ocampo”- pero adicto al trabajo que no ve caer a Fabiana, su joven y bella esposa, en la depresión propiciada justamente por la ausencia de su marido.

La chica -López Rey- termina pronto presa del drama del cannabis y aparece muerta adentro de un auto, lo que desata una investigación policial que sale a buscar al grupo de consumidores y traficantes.

El guión demuestra que tanto Demare como todo el elenco (y la sociedad argentina) desconocían el mundo del cannabis, sus efectos, sus modos de consumo. Uno de los primeros diálogos la rompe. Fabiana le da de probar a Marcela (Thelma Biral), quien también está deprimida porque descubrió que su esposo es gay. La escena flota sobre la insinuación lésbica. Marcela describe las primeras sensaciones del efecto del THC, el componente psicoactivo de la planta.

—No sé, sí, calor y frío en las piernas. Algo así como un hormigueo.
—¿No querías emborracharte? Esto es mejor, mucho mejor– le dice Fabiana.
—Tengo las manos como manteca. Blandas, como manteca caliente. Heladas. No sé.
—Todo eso pasará, luego vas a ver cómo la música se hace color. Y los colores música.
—Un témpano soy yo, un témpano a la deriva.
—¿Tanto frío tenés?
—No sé, siento deseos muy extraños. Sensaciones desconocidas.
—Oí esa nota. Es fucsia. Y esa otra, carmesí.

La primera escena de Emilio Disi en el cine, en segundo plano, detrás de Renán con el saco abierto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Emilio Disi personificaba a un integrante secundario de la bandita barrial, liderada por Renán, que les vendía marihuana a los jóvenes de la época. Disi habla poco en la película pero ya se observan los gestos tipo clown con los que luego haría historia en el cine de humor.

Entrevistado para el libro Marihuana, la historia (del capítulo “Emilio Disi debutó con un porro” se toman fragmentos para esta nota) en algún momento del invierno de 2016, Emilio Disi recordó cómo fue la filmación de Humo de marihuana.

Disi se reía de cómo se encaró ese film pero salvó a Demare, que era un director con altísimo prestigio, considerado incluso el mejor de la historia del cine nacional en esa época. “Lucas habrá querido mostrarle a la gente el daño que hacía. Él te decía que dabas una pitada a la marihuana y te agarraban convulsiones. Era un atorrante”, contó el actor.

—¿Recordás qué pauta les dio para actuar de “fumones”?

—No había información, además se escuchaba lo que decía Lucas y era palabra santa. Él tenía una visión demoníaca del tema. Y te afirmo que nunca se fumó un faso para ver cómo era, para sentir la sensación. Era un testarudo que decía que la marihuana causaba convulsiones y nadie se lo sacaba de la cabeza. Pero nadie, ni yo, ni Sergio Renán, que era bastante mayor que yo, tenía 35 años, ni Carlos Estrada teníamos la menor idea, y te lo digo por lo que hablábamos entre toma y toma.

Disi tenía 25 años cuando rodaron la que fue su primera de tantas películas. Admitió en aquella entrevista que los actores pensaban que estaban tratando un tema con la mayor seriedad.

“Cuando no filmábamos y estábamos en el estudio y veíamos la escena del boliche (donde Estrada en el papel de Ocampo alucina con su mujer), recuerdo que los comentarios eran ‘qué terrible, qué flagelo’. Porque nos metieron en la cabeza eso que ves, lo que muestra la película; que te hace convulsionar, que se te cae la baba, que perdés el control. Lucas decía que te cagabas encima, que te meabas”, respondió Emilio a carcajadas, en un bar de Palermo, donde unas mujeres que desayunaban lo miraban con estupor.

Otra escena junto a Renán: hacían de malandras barriales que vendían marihuana

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

—Y ustedes lo creían, obviamente.

—Es que la marihuana no tenía nada que ver en ese momento. Era una cosa que nadie sabía un carajo. Casi todos los cómicos de la época le daban a la cocaína. Era lo más común del mundo. Los que tomaban cocaína decían que la marihuana era “de putos”; que los machos tomaban cocaína. O sea, se hablaba del tema de la droga pero no de la marihuana. Y así hice la película.

López Rey también tenía 25 años y pensó que hacer de “drogadicta” era un enorme desafío, “un estupendo trabajo actoral”, porque, como contó en el libro, “la marihuana no era común en el ambiente artístico de Argentina, era algo muy exótico; mirá que yo estaba bastante en la vanguardia, era rebelde, joven, pizpireta, curiosa, inquieta, y no se la había visto fumar a nadie”.

Un joven Emilio Disi posa para GENTE (Foto archivo GENTE)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El histórico periodista del espectáculo Roberto Quirno recuerda que el público masivo no sabía lo que era la marihuana. “La película pretendió ser un gran cachetazo, pero si se hubiera llamado ‘Cocaína’ hubiera sido otra cosa”, dice con fina ironía sobre los consumos del director del film, y agrega: “La marihuana era para los músicos que iban a La Perla. Eso los ponía felices, no paraban de reírse con boludeces. Por eso a la película le faltaba sinceridad, no era creíble“.

Al poco tiempo de estrenada Humo…, López Rey sedujo a los productores del cine mexicano y se fue a vivir a aquel país, que sí ya tenía una larga tradición cannábica. “Cuando vi fumar marihuana por primera vez en México me quedé helada. ¡Hice de marihuanera y no tenía idea! Recuerdo que pensé en lo que se debían haber reído cuando la vieron en el cine los sí que fumaban. Tenía un humor involuntario la película”, comentó, casi ruborizada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la película, los actores “fumaban” el cigarrillo de cannabis como envolviéndolo con las manos. Según contó Disi, “eso era para exagerar”: “Decían que había que ponerse así para que no te entrara el humo por la nariz porque te hacía mal. Es el colmo de la ridiculez”.

En aquella entrevista, Emilio reconoció que abordaron un tema que desconocían, en una época donde la sociedad argentina vivía distante de los cambios revolucionarios que se daban sobre todo en el hemisferio norte, encorsetada en prejuicios.

“En esa época, el tema de la homosexualidad era tabú, no se podía hablar; el tema de la droga tampoco. Si en el barrio había algún drogadicto, era un drama, y te cruzabas de vereda; era el demonio. Y de la marihuana, como no se sabía, era peor. Lo de reconocer el olor fue 20 años después”.

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